La brigada feminista que ayudó a buscar gente entre los escombros

“Éramos mujeres defendiendo a mujeres. Hemos exigido nuestro derecho para defender a nuestras camaradas y sus derechos humanos”.

Por Anna-Cat Brigida; traducido por Juan Regis

En la tarde del viernes 22 de septiembre, una docena de voluntarios con cascos amarillos relucientes y chalecos naranjas se reunieron frente a las ruinas de la fábrica en la colonia Obrera de la Ciudad de México, zona conocida por su actividad industrial. El edificio, estructura que solía tener cuatro pisos con diferentes compañías operando en cada uno, colapsó el martes, luego del sismo de 7.1 que sacudió el centro de México.

Cerca de los escombros, y lejos del área de rescate acordonada por el gobierno, un grupo de mujeres se congregó. Se encontraban bajo la sombra de una lona adornada con las palabras “Brigada Feminista”, al lado de un carrito de compras lleno de palas y cajas de comida y agua para apoyar los esfuerzos de rescate. Muchas acababan de remover escombros; sus botas y ropa estaban cubiertas con polvo y restos.

Más de 300 personas fallecieron por el terremoto del martes pasado. La Ciudad de México sufrió más de 180 muertes, y hubo un colapso de hasta 44 edificios. La ciudadanía actúo rápidamente para responder a la catástrofe, compartiendo fotos de los edificios en ruinas, direcciones de sitios de rescate, y listas de artículos necesarios por medio de grupos en Facebook, Twitter, y WhatsApp.

Conforme la información circuló en grupos feministas via redes sociales, una gran cantidad de mujeres consideraron que debería haber más organización compartiendo los datos. Por lo tanto, abrieron un grupo en Facebook poco después del impacto del sismo y lo llamaron Brigada Feminista. En el transcurso de algunos días, el grupo reunió más de 500 miembros. La misión de la brigada era simple: ayudar a rescatar a las víctimas marginales del terremoto; aquellos que quizá no contaban con una voz que los defendieran.

Las primeras 72 horas son las más importantes para las operaciones de rescate, aunque algunos rescatistas afirman haber encontrado sobrevivientes después de una semana o más. Incluso cuando la esperanza de encontrar sobrevivientes se desvanece, los oficiales continúan buscando entre los escombros para identificar a las víctimas y entregar los cuerpos a sus familiares.

La Brigada Feminista escogió la fábrica en La Obrera por una razón: Muchas de las trabajadoras textiles eran inmigrantes de Asia y Centroamérica; los miembros de la brigada creían que muchas eran indocumentadas. “Las personas de esta fábrica son mujeres, y son mujeres inmigrantes en un país donde sufren discriminación, un país que no se interesa mucho por ellas”, comentó Mar Cruz, voluntaria de 43 años que habló con Broadly fuera del sitio de rescate. “Sabiendo el trato que enfrentan en las fábricas era nuestro deber como feministas [venir a ayudar]”.

“Éramos mujeres defendiendo a mujeres”, añadió. “Hemos exigido nuestro derecho para defender a nuestras camaradas y sus derechos humanos”.

Docenas de personas afiliadas a la Brigada Feminista se encontraban todavía el viernes en el sitio del derrumbe —tres días después del sismo— donde se turnaron para remover escombros y descansar fuera del área acordonada. De vez en cuando, los rescatistas alzaban los puños para pedir el silencio a los demás y así poder escuchar a los posibles sobrevivientes.

Para la Brigada Feminista, los puños en el aire eran una señal de que podría haber gente viva, lo cual provocó tensión entre los voluntarios y las autoridades —muchos voluntarios sintieron que los encargados de las labores de rescate no había proporcionado suficiente información o que estaban siendo engañados—. Los rescatistas afirmaron que las autoridades no habían entregado una lista oficial de todas las personas que se encontraban trabajando cuando ocurrió el terremoto, y algunos dudaron de la existencia de la misma, sobre todo si había trabajadoras indocumentadas. La Brigada Feminista sospechó que la prioridad de los oficiales era limpiar la escena de la catástrofe tan pronto como fuera posible para proyectar una imagen de productividad, en lugar de enfocarse en encontrar a todos los sobrevivientes y víctimas.

Más tarde ese mismo día, las autoridades concluirían oficialmente la búsqueda de las trabajadoras de la fábrica, argumentando que el área había sido despejada. De acuerdo con Animal Político, se encontraron 21 cuerpos y dos sobrevivientes, pero las trabajadoras vivas comentaron a una cadena de noticias que pudo haber entre 50 y 100 trabajadoras en el edificio al momento del colapso. Algunos voluntarios se quedaron para continuar la búsqueda ante la preocupación de que pudiera haber más gente atrapada en el sótano.

“Una fábrica con tantas personas no habría sido capaz de operar”, dijo Cruz, quien todavía no cree que todas las personas hayan sido rescatadas.

No es la primera vez que los vulnerables trabajadores de las fábricas son víctimas de un sismo en la Ciudad de México. La capital mexicana es muy propensa a movimientos telúricos porque está construida sobre lo que alguna vez fue un gran lago. En 1985, la Ciudad de México experimentó el terremoto más destructivo en su historia donde murieron, al menos, diez mil personas. Más de 800 fábricas quedaron en ruinas durante el desastre natural, y al menos 600 trabajadoras fallecieron. Muchas más quedaron atrapadas.

El terremoto del 85 atrajo la atención sobre las míseras condiciones de las fábricas en la capital mexicana, donde laboran mujeres en su gram mayoría. Tiempo después, las trabajadoras formaron un sindicato llamado Sindicato Nacional de Trabajadoras de la Industria de la Costura, Confección, Vestido, Similares y Conexos 19 de Septiembre —misma fecha en que ocurrió el sismo del 85 y del 2017.

“El colapso de esta fábrica pudo haber pasado con el terremoto de 1985, cuando las fábricas se derrumbaron y dejaron a miles de mujeres atrapadas, y muchas más muertas”, dijo Dominique Draco, voluntaria de 32 años que forma parte de la Brigada Feminista. “Al igual que ellas, estas mujeres también se encontraban en condiciones precarias, sin derechos laborales o humanos. La situación se replicó en una escala menor, pero la historia se repite”.

La Brigada Feminista es parte de un movimiento que florece en México por los derechos de las mujeres, donde un promedio de seis mujeres son asesinadas todos los días, de acuerdo con estadísticas de las Naciones Unidas. En meses recientes, las activistas han organizado manifestaciones a grande escala contra los feminicidios, asesinatos de mujeres con base en su género. Las leyes mexicanas colocan a los feminicidios en una categoría diferente, distinto de un homicidio, pero las sentencias por estos actos atroces son casi inexistentes. En meses recientes, las feministas han tomado las calles exigiendo justicia por mujeres como Lesvy Osorio, quien fue asesinada en mayo cerca de una universidad, y Mara Castilla, asesinada en septiembre luego de haber usado un servicio de transporte privado.

Para las mujeres de la Brigada Feminista, el permitir un ambiente inseguro en una fábrica es otra forma de violencia contra las mujeres. “Estamos aquí como feministas porque estamos hartas de ser asesinadas”, dijo Draco. “Los feminicidios son una forma de acabar con nosotras, pero esta también es otra manera de matarnos: bajo un edificio colapsado que no cuenta con las condiciones laborales propicias”.