Damnificadas de San Gregorio sobreviven a los escombros gracias a la fabricación de piñatas

Entre lágrimas, cuentan que han perdido sus casas, sus empleos, sus ingresos y a sus seres queridos.

Por Jimena Garcia Lira

NOTA ORIGINAL

Recuerdan el sismo y todavía les duele. Entre lágrimas, cuentan que han perdido sus casas, sus empleos, sus ingresos y a sus seres queridos. Añaden que no creen en el gobierno, que desde el pasado 19 de septiembre, el apoyo de la ciudadanía ha sido el único constante a diferencia de las autoridades locales que hicieron acto de presencia una semana después de la tragedia.

Los habitantes de un San Gregorio Atlapulco plagado de ruinas, fugas de agua, basura y negocios abandonados, coinciden en que muchos jóvenes han acudido hasta esa zona lejana de Xochimilco, demostrándoles que pese a ser un “pueblo fantasma” antes y después del terremoto, hay quienes todavía los ayudan y piensan en ellos tres meses después de la tragedia. Eso les da esperanza.

En el patio de la iglesia de San Gregorio Magno, donde cayó el campanario, y juegan los niños que permanecen sin clases, resaltan algunos socavones y escombros que rodean las cruces que conmemoran al menos a cuatro personas que murieron aplastados por las bardas. En ese sitio, se reúne diariamente un grupo de mujeres que pese al profundo dolor, busca reactivar su economía y tratar de olvidar aquél día, en el que “Dios fue tan bueno para dejarlos vivir y tan malo para llevarse así a la gente”.

Hacer piñatas para sanar el alma

Jazmín Meléndez Páez, profesora del poblado chicuarote, ofreció al Consejo de Seguridad Ciudadano de San Gregorio, emprender un taller de piñatas para poder ayudar a los damnificados. La idea fue apoyada de inmediato, logrando juntar a por lo menos 10 mujeres.

“Mi casa tiene daños. Este sismo nos ha afectado a todos de manera diferente, pero nos ha unido y le estamos echando muchas ganas”, comenta para HuffPost Meléndez Páez.

Alejandro Godoy Rufino, representante de dicho consejo, describe que este taller no solo busca recuperar sus ingresos, sino empoderar y crear una comunidad chicuarote que se identifique con sus tradiciones y el amor a sus raíces.

“Con lo ganado no solo arman las piñatas, también hacen de comer para los integrantes, conviven como una familia. Mientras unas están aquí trabajando, otras se van a guisar. Con esto pretendemos hacer una comunidad. El terremoto no nos puede tirar, debe ser más fuerte la voluntad que tenemos como pueblo, como guerreros, porque ellas ponen de todo para levantarse”, asegura Godoy Rufino.

Desde hace un mes, Antonia Díaz Reyes, Juana Páez Jiménez y Marisol Rodríguez, asisten al taller donde han encontrado refugio y aliento. En ese sitio, han aprendido a compartir la comida, a hacer piñatas y darse apoyo entre ellas.

“Mi casa sufrió daños. Esto me hizo unirme a las compañeras y sí me ha servido de mucho, porque me siento bien con ellas, apoyada. Además de que sí me hace falta el dinero, yo anteriormente vendía Jafra, pero no he vendido nada”, comparte Antonia, quien busca migrar a otro lugar.

Juana dice llorando que ella perdió su casa, su negocio de gelatinas y por lo tanto su fuente de ingresos. A sus 58 años, cuida de su hijo con discapacidad y su nieta de seis años.

“Mi recurso de vendimia se vino abajo, al igual que mi estado anímico. Mi casa cayó. Estamos en la casa de un familiar, pero ustedes saben cómo dice el dicho: “El muerto y el arrimado a los tres días apesta”. Ahorita solo la usamos como hotel, para dormir y salir temprano para poder reforzar nuestra economía en esta temporada, aunque sea”, señala.

Marisol sufre la muerte de su sobrina, destrozada recuerda que el día del sismo, el padre de Naomi y la menor de 5 años acudieron a la iglesia, cuando una de las bardas cayó sobre ambos. El señor quedó con el pie destrozado, mientras que el cuerpo de Naomi terminó completamente destruido.

“Él gritaba que le amarraran el pie con un cinturón, pero ya lo tenía todo volteado. Le amputaron la pierna. A mi sobrina ya cuando la estaban velando, todavía le mandaron la manita de la niña a su mamá, que la habían encontrado en una caja de plátanos”, lamenta.

Dice que va a los cursos para poder olvidarse de eso y de alguna forma poder sacar así, el dolor que siente.

La delegación Xochimilco, encabezada por el morenista Avelino Méndez es una de la demarcaciones con mayores daños tras el 19S.

De acuerdo a cifras de las propias autoridades, 7 mil 429 viviendas resultaron con daño total y parcial. Ocho personas murieron.

Si alguien desea apoyar a estas mujeres, diariamente reciben donaciones de todo tipo. Su material es indispensable para trabajar. Necesitan: tijeras, pegamento silicón, todo tipo de papeles (minagris, crepé, china, metálico, periódico), globos, harina, rafia, diurex, entre otros.