Así era el suelo debajo de Álvaro Obregón 286 (mapas).

Estas condiciones provocaron que el daño fuera mayor justo en ese punto.

Por Redacción

NOTA ORIGINAL

 

Con colaboración de Baruch Sanginés*

Si los mexicas hubieran esperado una hora para que el águila volara hacia los valles en torno a Tenochtitlán otra cosa hubiera sido, dice con cierta gracia Carlos Miguel Valdés González, director general del Centro Nacional de Prevención de Desastre (Cenapred), al referir que el comportamiento del suelo de Ciudad de México es como el de una gelatina.

Este tipo de suelo lacustre se caracteriza por amplificar las ondas sísmicas debido a su composición, lo cual aumenta el riesgo de colapso en edificaciones ubicadas sobre el área que abarcaba el lago. Y es en este suelo blando sobre el que estaba localizado el edificio de Álvaro Obregón 286.

Además del tipo de suelo sobre el que se encuentran las edificaciones, las estructuras pueden ser afectadas de manera diferencial debido a sus características. De acuerdo con el Instituto de Ingeniería de la UNAM, edificios con estructuras más altas son vulnerables a ondas sísmicas de mayor periodo de oscilación, mientras que edificios con estructuras bajas son vulnerables a ondas sísmicas de periodos cortos de oscilación.

 

Para medir este impacto, el Instituto de Ingeniería cuenta con herramientas para identificar las zonas de Ciudad de México donde se produjo una mayor aceleración espectral lo que da una idea de la aceleración que pudieron experimentar los edificios con diferentes alturas.